ya me acordé de los efectos del calor y la humedad en el cuerpo humano (¿Ese “brillo” que en otros países se lo dan a las embarazadas? Tod@s aquí sabemos de eso).
Lo único típico que he comido son los víveres, un sancocho o dos, dulces a base de leche, helado de chicle con un palito de Helados Bon y cerveza Presidente.
No he ido a la playa todavía.
Ya he recibido varias picadas de mosquitos.
Todavía tengo que recordarme a mí misma que no puedo beber agua de la llave.
Me dí cuenta de que a pocas cosas les hemos mantenido tanto su significado como a la palabra hoyo. INCREÍBLE (y hasta cierto punto inconcebible e irrespetuoso.. todo empieza con i) la profundidad y diámetro de los hoyos que uno puede encontrar en las avenidas y carriles expresos de Santo Domingo. ¡Jesú!
Aunque ya haya pasado varias veces por ahí, todavía me sorprende y fascina el parque “verde” de Los Próceres con Kennedy. WOAH. Algunos lo llamarían kitsch, yo todavía no me lo creo.
Me hace falta mucha gente (dominican@s y extranjer@s).
Todavía no me acuerdo de cómo hacer ‘small talk’. Esas conversaciones informales que por estos lados surgen con cualquier extraño. Antes, me hacían falta. Ahora, no. De hecho, esa actitud “amigable” que uno siempre piensa del dominicano me está desagradando un poco. La siento vacua, innecesaria y hasta un poco falsa.
La gente que sí conozco, la que no me desespera, sí me comprueba que somos un pueblo especial e interesante.
Ha estado lloviendo muchísimo.
Me enteré de que Shakira está loca con su tiguere… Pero en serio, loca, loca, loca.